La Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad neurodegenerativa inflamatoria y crónica del Sistema Nervioso Central que afecta a unas 47.000 personas en España y 2,5 millones de personas en todo el mundo.
Suele diagnosticarse entre los 20 y 40 años de edad y su evolución, gravedad y síntomas no son predecibles. Este carácter imprevisible provoca que la persona carezca de control real sobre la enfermedad.
Se diagnostica en la edad adulta y se calcula que afecta a 2,5 millones de personas en el mundo.
Esta vivencia de incontrolabilidad junto con las pérdidas motoras, sensoriales y cognitivas que puede ocasionar, y sobre todo el temor a éstas, hace que los síntomas de ansiedad y de depresión sean frecuentes en estos pacientes, especialmente en momentos de brote y ante señales de deterioro.
Los síntomas de ansiedad y depresión son los las consecuencias emocionales más habituales.
Existen una serie de factores que favorecen una mejora adaptación a la enfermedad:
- Dotar a la persona de sensación de control: el seguimiento de tratamiento y pautas establecidas por personal sanitario otorgan al paciente cierta sensación de control sobre la enfermedad.
- Trasladar el foco de las pérdidas hacia las facultades conservadas: centrarse en lo que sí puede hacer y no tanto en lo que se tiene dificultad a causa de la enfermedad.
- Disponer de soporte emocional y de apoyo social
Dotar al paciente de sensación de control sobre la enfermedad favorece un mejor afrontamiento de la misma.
Otro aspecto a tener en cuenta, es la atención a la pareja y familia del paciente, especialmente a quien ejerce el rol de cuidador, puesto que el impacto a nivel de salud mental puede ser incluso mayor que el de la persona diagnosticada.
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