Cuando detectamos una llamadas de atención, sea de un menor, adulto o un anciano, entendemos de alguna manera, que lo mejor es ignorarlas, con el objetivo de que cesen.
Ignorar una llamada de atención, no siempre es la mejor forma de manejarla
Y es cierto, que en ocasiones ese es el manejo correcto, pero convendría detenerse un momento y valorar por qué ese menor, adulto o anciano está teniendo ese comportamiento hacia nosotros.
Es posible que efectivamente no le estemos prestando atención suficiente, bien por falta de tiempo u otros motivos. En el caso de los menores, puede manifestarse en forma de rabietas o travesuras. En ese caso, podríamos considerar si podemos dedicarle algo más de tiempo o atención.
Otra posibilidad es que la persona se encuentra mal emocionalmente y no encuentra otra manera de solicitar ayuda. Como puede ser el caso de un anciano/a que tiene miedo a vivir solo/a, o a su deterioro físico y mental.
Tal vez sea una persona acostumbrada a recibir cierta cantidad de atención, y ahora no la recibe. Puede ser el caso de un miembro de la pareja, que se siente desatendido.
Conviene detenerse y valorar que hay detrás de esa llamada de atención.
¿Qué podemos hacer al respecto?
Pues antes de ignorarla, intentar valorar si podemos cubrir esa necesidad emocional, de afecto, o de tiempo de la otra persona. Y si no podemos, hablar con ella y tratar de explicárselo.
Si eres adulto y te das cuenta de que estás haciendo llamadas de atención, no te culpes por ello, intenta pedir lo que necesitas: tiempo, atención, afecto… de esta manera tendrás más probabilidad de recibirlo.
Esperamos, como siempre, que os sea útil. Hasta el siguiente!




